La palabra más popular este año «Colágeno». GALDERMA se refiere al 2026 como «La era de la bioestimulación de colágeno»

Nadie ve el colágeno. Se ve lo que hace: una piel que rebota al tocarla, un rostro que sostiene su forma aunque hagas un gesto, una línea que tarda en marcarse. El colágeno es la estructura debajo del escenario, no el actor.

Está en las cremas, en los suplementos, en los tratamientos estéticos y en prácticamente cualquier conversación sobre antiaging. Pero ¿qué hace realmente dentro de nuestra piel?

El colágeno, no es el chico o chica de 22, es la proteína más abundante del cuerpo y la que le da a la piel su firmeza y su capacidad de estirarse sin romperse.

Los tipos I y III son los principales en la piel: el I aporta resistencia, el III aporta elasticidad temprana. Juntos forman una red que, con los años, empieza a fabricarse más y más despacio.

¿Qué ocurre con el colágeno cuando envejecemos?
A partir de los 25-30 años, la piel pierde aproximadamente 1% de colágeno cada año. No es un evento: es una pendiente. Por eso el rostro a los 45 no perdió «de repente» firmeza; la fue perdiendo, un año a la vez, desde mucho antes de que se notara.

Lo que sí hace algo, y lo que apenas ayuda
El colágeno oral hidrolizado, tomado en dosis de 2.5 a 5 gramos diarios durante 8 a 12 semanas, mostró mejoras medibles en hidratación, elasticidad, densidad y arrugas en una revisión de 19 ensayos clínicos (Luque-Luna et al., 2023).

Es real, pero es lento y modesto: no sustituye lo que un procedimiento clínico puede hacer en la misma piel.

¿Podemos estimular la producción de colágeno? Bioestimulación: la otra vía
A diferencia del ácido hialurónico, que rellena, los bioestimuladores de colágeno no aportan volumen inmediato: inducen a la piel a fabricar su propio colágeno con el tiempo. El resultado aparece en semanas, no en la mesa de tratamiento, y se acumula con sesiones espaciadas.

Con los años, la piel produce menos colágeno y aumenta la actividad de enzimas que lo degradan, especialmente las metaloproteinasas de matriz. Las fibras también se fragmentan y pierden parte de su organización.

El resultado se refleja en lo que vemos frente al espejo: menor densidad dérmica, pérdida de elasticidad, líneas y una piel que poco a poco pierde parte de su capacidad de sostenerse.

La radiofrecuencia de Venus, por ejemplo, genera cambios térmicos en la dermis que favorecen la formación de nuevo colágeno; el microneedling también desencadena una respuesta de reparación asociada con la formación de nuevas fibras.

Nuevas tecnologías como el PDRN de salmón se han vuelto los estandartes para recordarle a tu cuerpo que es momento de producir más colágeno. Y es así como la piel de alguien de 55 años puede verse incluso mejor que cuando esa misma persona tenía 32.

El colágeno, entonces, habla de algo mucho más profundo que una palabra viral.

Habla de la capacidad de la piel para sostenerse, repararse y renovarse.

Rejuvenecer consiste en cuidar la estructura viva que permite que esa piel siga siendo firme, resistente y llena de glow natural.

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